Poemas de Joaquín Areta
Quiero de mi patria,
todo su valle y su montaña,
todo su mar y su desierto,
la quiero, parte a parte,
en un todo para todos.
Ese es mi amor,
esa es mi vida.
Lentamente la libreta
se fue llenando de poemas,
fue llenando la soledad
del poeta improvisado.
Compañero de las noches solas,
receptáculo de buenas intenciones,
vehículo donde se fundieron
la necesidad de ser
y la debilidad de no tener.
Así es como se enciende, así es,
en el desgarro de los dolores,
en el frío de una madrugada,
en la llamarada de la justicia,
en la diáfana sensación de felicidad,
en el vuelo alegre.
Nadie escribió poemas de la nada,
si su palabra era sincera.
Sólo los falsos escriben,
cuando su corazón no late.
Joaquín Areta nació el 15 de agosto de 1955 en Monte
Caseros, Corrientes; hijo de Juan Francisco Areta y Sara Sagarsazu. Era el
cuarto varón de seis hermanos: Jorge Ignacio (Iñaki), Juan Francisco (Tico),
Javier, José María (Pato) y Sara Elisa Del Rosario (Rosarito).
A los 13 años con parte de su familia se traslada a La Plata
donde comienza sus estudios secundarios en el Colegio Nacional, a los 16 años
inicia su militancia en el Movimiento de Acción Secundaria (MAS), agrupación de
base de la Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Luego de la fusión de FAR y
Montoneros Joaquín comienza a integrar la conducción de la Unión de Estudiantes
Secundarios (UES).
En 1973 empieza la carrera de Medicina y en 1974 forma
pareja con Adela Segarra. Con ella pasa a la clandestinidad en 1976 sin
interrumpir su militancia en Montoneros.
En diciembre de 1976 muere en combate su hermano Iñaki. En
1977 nace su hijo Jorge Ignacio. El 29 de junio de 1978 es detenido-
desaparecido junto a Jorge Segarra y Julio Álvarez (Bache) en Capital Federal.
Tenía 22 años, una mujer, un hijo, escribía poesías y
documentos políticos. Leía mucho. Era muy memorioso. Escuchaba a Zitarrosa y a
Chico Buarque, era fanático de Estudiantes de La Plata. Trabajaba en una
fábrica, era operario. Vivía en una pequeña casa de un barrio obrero.
Su vida, su ternura, su lucha trascendieron. A quienes lo
amamos todavía su huella nos marca, todavía su palabra nos habla. Todavía
Joaquín nos sonríe, nos pelea, nos endulza, nos acompaña. Hoy tiene un nieto,
Iñaki Areta, hoy lo extrañamos
Etiquetas: Joaquín Areta



1 comentarios:
Gracias por mantener viva la memoria -y tantas otras-
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