viernes, 13 de marzo de 2026

Poemas de Joaquín Areta

 


Quiero de mi patria,

todo su valle y su montaña,

todo su mar y su desierto,

la quiero, parte a parte,

en un todo para todos.

Ese es mi amor,

esa es mi vida.



Lentamente la libreta

se fue llenando de poemas,

fue llenando la soledad

del poeta improvisado.

 

Compañero de las noches solas,

receptáculo de buenas intenciones,

vehículo donde se fundieron

la necesidad de ser

y la debilidad de no tener.

 

Así es como se enciende, así es,

en el desgarro de los dolores,

en el frío de una madrugada,

en la llamarada de la justicia,

en la diáfana sensación de felicidad,

en el vuelo alegre.

 

Nadie escribió poemas de la nada,

si su palabra era sincera.

 

Sólo los falsos escriben,

cuando su corazón no late.


Joaquín Areta nació el 15 de agosto de 1955 en Monte Caseros, Corrientes; hijo de Juan Francisco Areta y Sara Sagarsazu. Era el cuarto varón de seis hermanos: Jorge Ignacio (Iñaki), Juan Francisco (Tico), Javier, José María (Pato) y Sara Elisa Del Rosario (Rosarito).

A los 13 años con parte de su familia se traslada a La Plata donde comienza sus estudios secundarios en el Colegio Nacional, a los 16 años inicia su militancia en el Movimiento de Acción Secundaria (MAS), agrupación de base de la Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Luego de la fusión de FAR y Montoneros Joaquín comienza a integrar la conducción de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

En 1973 empieza la carrera de Medicina y en 1974 forma pareja con Adela Segarra. Con ella pasa a la clandestinidad en 1976 sin interrumpir su militancia en Montoneros.

En diciembre de 1976 muere en combate su hermano Iñaki. En 1977 nace su hijo Jorge Ignacio. El 29 de junio de 1978 es detenido- desaparecido junto a Jorge Segarra y Julio Álvarez (Bache) en Capital Federal.

Tenía 22 años, una mujer, un hijo, escribía poesías y documentos políticos. Leía mucho. Era muy memorioso. Escuchaba a Zitarrosa y a Chico Buarque, era fanático de Estudiantes de La Plata. Trabajaba en una fábrica, era operario. Vivía en una pequeña casa de un barrio obrero.

Su vida, su ternura, su lucha trascendieron. A quienes lo amamos todavía su huella nos marca, todavía su palabra nos habla. Todavía Joaquín nos sonríe, nos pelea, nos endulza, nos acompaña. Hoy tiene un nieto, Iñaki Areta, hoy lo extrañamos



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1 comentarios:

Anonymous Mateo ha dicho...

Gracias por mantener viva la memoria -y tantas otras-

13 de marzo de 2026 a las 14:40  

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