Poemas de Ana María Ponce
Quiero saber cómo se ve el mundo,
me olvidé de su forma,
de su insaciable boca,
de sus destructoras manos,
me olvidé de la noche y del día,
me olvidé de las calles recorridas.
Quiero saber cómo es el mundo,
no recuerdo los rostros,
ni los árboles, ni las luces,
ni las fábricas, ni las plazas,
ni el dolor del afuera,
ni la risa de entonces.
Quiero saber cómo se ve el mundo,
hace tanto que no estoy,
hace tanto que mis pies no
se cansan por los recorridos,
hace tanto que mis ojos
no se queman con la luz,
hace tanto que sueño
la inasible situación de
la libertad,
hace tanto, pero tanto,
que no tengo mi natural alimento,
de vida, de amor, de presente,
y estoy, a pesar de todo esto,
a pesar de no creerlo,
estoy juntando unas palabras,
unas infieles palabras,
que me dejen recordar
cómo podría verse el mundo...
Ya nada puede detenerla...
“Nada puede detenerme,
he quedado detrás de las paredes,
caminando siempre,
dejando en la calle mí marca
indestructible.
Y mientras mi sombra pasa,
lentamente,
me van reconociendo
los árboles,
las veredas,
la gente.
Ya nada puede
desprender mi alma
de las cosas,
quedó enraizada
en los rostros,
en las manos ajenas,
en los ojos dolidos,
simplemente
quedó mi huella
de dolor.
Y alguien, espera...”
1976. Uno de los años más oscuros de la historia argentina
reciente. 24 de marzo, Golpe
de Estado, inicio de la última dictadura militar argentina
que llevo adelante una
estrategia represiva específica, el sistema de desaparición
forzada de personas en el
marco del Terrorismo de Estado. Su núcleo fueron los Centros
Clandestinos de
Detención (CCD), donde los detenidos desaparecidos eran
alojados ilegalmente por
tiempo indeterminado y eran sometidos a torturas físicas y
psicológicas para luego, en
su mayoría, ser asesinados. A partir de los testimonios de
quienes lograron sobrevivir,
que comenzaron a circular primero en el exterior durante la
propia dictadura, se
corroboró la existencia de los centros clandestinos y tomó
carácter público lo que
sucedía en ellos.
La lista de detenidos-desaparecidos es extensa. Acá decimos
Ana María Ponce. La lista
de centros clandestinos de detención es extensa. Acá decimos
Escuela de Mecánica de
la Armada (ESMA).
Ana María Ponce, “Loli”. Sanjuanina, maestra, llega a La
Plata para continuar su
formación. Allí comienza su militancia en la Juventud
Peronista y en la Federación
Universitaria de la Revolución Nacional (FURN), donde conoce
a Godoberto Luis
Fernández, “Lucho”, con quien tendría un hijo, Luis Andrés,
“el Piri”. El inicio de la
dictadura y la profundización de la represión los obliga a
abandonar la ciudad de La
Plata. Se mudan a Capital Federal. Lucho es secuestrado y
visto por última vez el 11 de
enero de 1977. Loli es secuestrada el 18 de julio de ese
mismo año por el Grupo de
Tareas 3.3.2. Fundado en mayo de 1976 por orden de Emilio
Eduardo Massera con el
consentimiento de toda la Junta Militar de Gobierno, el
grupo estaba integrado por
aproximadamente cincuenta personas que fueron cambiando, las
cuales actuaban
clandestinamente, al margen de la ley, con armas y medios
facilitados por la Armada.
En el seno de la ESMA la coordinación de las actividades
represivas, la planificación de
los secuestros, se realizaba desde la central de
inteligencia “Dorado”. Una vez reunidos
los datos necesarios estos eran comunicados al Jefe de
Operaciones, quien se encargaba
de convocar a quienes llevarían adelante los secuestros.
Así, una vez secuestrada por
este grupo de tareas, Ana María Ponce es llevada a la ESMA.
La ESMA, Escuela de Mecánica de la Armada convertida en uno
de los más perversos
centros clandestinos de detención, tortura y exterminio.
Cumplió un rol clave en la
desarticulación de organizaciones populares y en la captura
y desaparición forzada de
aproximadamente 5.000 personas. Allí los capturados eran
llevados al sótano, donde
existían diversas salas de tortura y luego los obligaban a
permanecer en un sector del
altillo conocido como “Capucha” hasta el “traslado”, lo cual
implicaba el exterminio2
Allí, a escondidas, Ana María Ponce, Loli, escribe poesías.
Narra. Cuenta. Fue vista por
última vez en febrero de 1978. Dejo sus poemas a Graciela
Daleo, compañera de
cautiverio, gracias a quién hoy podemos leerlos.



















